Ni minimalismo, ni caos: lo que realmente calma al cerebr

Durante años atribuimos esa sensación al gusto o a la popularidad del minimalismo. Pero la neurociencia y la psicología ambiental llevan tiempo estudiando algo más profundo: nuestro cerebro tiene una capacidad limitada para procesar todo lo que tiene frente a él.

El desorden visual puede consumir parte de esos recursos. Sin embargo, la investigación también introduce un matiz importante: vaciar una casa por completo tampoco es necesariamente sinónimo de bienestar.

Tu cerebro no puede dejar de mirar

La neurocientífica Sabine Kastner, de Princeton University, lleva décadas estudiando cómo el cerebro decide qué mirar y qué ignorar.

Sus investigaciones muestran que cuando tenemos varios objetos dentro del campo visual, estos compiten por nuestros recursos neuronales, incluso cuando intentamos concentrarnos únicamente en uno.

Imagina trabajar frente a un escritorio lleno de papeles, cables, vasos y objetos pendientes de guardar. Aunque conscientemente estés mirando la computadora, tu sistema visual continúa procesando parte de todo lo que ocurre alrededor y necesita invertir recursos en ignorarlo.

Por eso, el desorden puede distraernos incluso cuando creemos que no le estamos prestando atención.

No significa que cada objeto sobre una mesa sea perjudicial. El problema aparece cuando existe suficiente información visual compitiendo constantemente por nuestra atención.

El estrés que vive dentro del clóset

La psicología ambiental encontró otra pieza interesante de esta historia estudiando hogares reales.

Investigadores de UCLA analizaron durante varios años la vida cotidiana de 32 familias de Los Ángeles. Fotografiarion sus casas, observaron sus rutinas y estudiaron cómo sus habitantes describían los espacios donde vivían.

Las psicólogas Darby Saxbe y Rena Repetti compararon esas descripciones con los niveles de cortisol de las participantes.

Encontraron que las mujeres que describían sus hogares utilizando palabras relacionadas con desorden, caos o proyectos sin terminar mostraban patrones de cortisol y estados de ánimo menos favorables a lo largo del día.

El detalle importante está en la idea de “proyectos sin terminar”.

Una pila de ropa no es solamente información visual. También puede representar ropa que debemos guardar. Los platos recuerdan que hay que lavar. Las cajas en una esquina recuerdan algo que todavía no hemos decidido dónde poner.

Así, el desorden puede funcionar como una lista de pendientes que nunca desaparece completamente de nuestra vista.

Pero el orden extremo tampoco es la respuesta

Hasta aquí parecería que la ciencia está recomendando convertir nuestras casas en catálogos minimalistas.

No exactamente.

En 2013, la psicóloga Kathleen Vohs, de la Universidad de Minnesota, comparó cómo se comportaban personas que trabajaban en habitaciones ordenadas y desordenadas.

Quienes estaban en espacios ordenados tendían a tomar decisiones más convencionales y alineadas con las normas. En cambio, los participantes que trabajaban en habitaciones desordenadas produjeron ideas más originales en pruebas de creatividad.

El orden puede facilitar ciertos comportamientos, pero eso no significa que el desorden sea siempre negativo.

Un poco de caos también puede favorecer la exploración y romper asociaciones demasiado rígidas.

Cuando el minimalismo también genera ansiedad

Existe además otro problema: convertir el orden en una obligación.

Cuando una casa tiene que permanecer perfectamente despejada, sin un objeto fuera de lugar y siempre preparada para parecer una fotografía de Pinterest, mantenerla puede convertirse en otra fuente de vigilancia.

El espacio deja de estar diseñado exclusivamente para vivir y empieza a convertirse en algo que debemos mantener.

Además, una habitación completamente vacía de recuerdos, texturas u objetos personales puede sentirse más fría que tranquila.

La calma no necesariamente proviene de eliminar todos los estímulos. Puede venir de eliminar aquellos que compiten por nuestra atención sin aportar nada a cambio.

Lo que el hygge entendió diferente

Aquí aparece una idea interesante de los interiores escandinavos: hygge.

El concepto danés no propone habitaciones vacías. Al contrario, suele incorporar iluminación cálida, textiles, libros, velas, fotografías y objetos personales.

La diferencia está en la selección.

No se trata de preguntarnos constantemente “¿qué más puedo eliminar?”, sino de decidir qué merece ocupar nuestro espacio.

Una manta que utilizamos, un libro que queremos conservar o una fotografía importante también generan estímulos visuales, pero tienen una función emocional y un lugar definido dentro del entorno.

El objetivo no es vivir con menos por vivir con menos. Es rodearnos de cosas que tengan una razón para estar ahí.

El problema quizás no es cuántas cosas tienes

Dos habitaciones pueden contener prácticamente la misma cantidad de objetos y producir sensaciones completamente diferentes.

Una puede sentirse acogedora y otra agotadora.

La diferencia puede estar menos en la cantidad y más en si esos objetos fueron elegidos, organizados y resueltos, o simplemente se acumularon porque nunca decidimos qué hacer con ellos.

Un librero lleno de libros puede aportar identidad a una habitación. Una pila de documentos que llevamos tres meses evitando revisar probablemente produzca una sensación muy diferente.

Por eso, la conclusión de toda esta investigación es bastante más interesante que el clásico “menos es más”.

Nuestro cerebro no necesariamente necesita espacios vacíos. Necesita espacios donde no todo esté pidiendo nuestra atención al mismo tiempo.

Visto así, ordenar la casa deja de ser solamente una cuestión estética y se convierte también en una forma de gestionar nuestra atención.

Quizás la pregunta no sea “¿qué puedo quitar de esta habitación?”, sino “¿qué decidí que quiero tener aquí y sobre qué cosas todavía no he tomado una decisión?”

Esa diferencia entre lo elegido y lo simplemente acumulado puede ser la verdadera frontera entre un espacio que se siente en calma y uno que solamente parece ordenado.